Cada vez hacemos menos cosas con las manos

Reparando una pieza de motor con las manos

Tengo un mando de garaje con cuatro números:

UNO. DOS. TRES. CUATRO.

La puerta sólo se abre si pulso el UNO. ¿Para qué sirven el resto? Nadie lo sabe.

Esta semana la puerta no se abría de ninguna forma.

Me acerqué a un comercio pequeño, de esos que huelen a pegamento y a piel curtida. Al fondo había una estantería llena de zapatos viejos. A la derecha, un mostrador polvoriento con carteras, cinturones y monederos.

Me atendió un hombre mayor con gafas caídas.

—¿Qué necesitas? —dijo.

—¿Puedes arreglarme esto? No funciona.

—Dame un minuto.

El hombre se giró y continuó dando golpes a unas botas.

Al terminar, miró el mando, se fue al fondo del local e hizo algo que no pude ver. En menos de dos minutos me lo entregó.

—Aquí lo tienes, te durará una buena temporada. Son 3 euros.

Ese hombre sigue trabajando exactamente igual que hace cuarenta años. Con el mismo modelo de negocio: arreglar cosas que no funcionan.

Sus manos me llamaron la atención: dedos como morcillas y una piel tan suave como una lija de grano gordo. A su lado, mis dedos parecían alfileres.

Y esto me llevó a una pregunta:

¿Qué sé hacer yo con mis manos?

Deslizar y pulsar teclas.

Punto.

Y de esos barros estos lodos.

Resulta que el domingo pasado me puse a arreglar la cisterna del baño porque goteaba.

Abrí. Miré. Y pensé:

“¿Qué clase de psicópata ha inventado el mecanismo de las cisternas?”.

Aquello no tenía lógica alguna, pero uno es valiente.

Metí la mano. Toqué cosas aleatorias. Y no pasó nada.

Entonces, me llamó la atención un tapón de goma incrustado en un tubo vertical.

Lo quité.

Un chorro de agua a 200 bares de presión percutió el techo.

Busqué la llave de paso. Que no estaba donde tenía que estar, sino en otro sitio (esto siempre pasa). La cerré y volví a pensar:

Tapón. Agua. Techo.

No tiene sentido.

Ahí llegó el arrepentimiento. Me dije que podía vivir con una pérdida de agua en la cisterna. Puse el tapón y abrí la llave para dar el tema por cerrado.

Pero el agua tenía otros planes.

El tapón salió disparado como un misil y chorro percutió el techo de nuevo.

Mi fui al aseo de al lado. Abrí la otra cisterna para ver cómo estaba colocado el terrorífico trozo de goma. Lo rocé con la yema de los dedos, sólo eso y pasó lo que tenía que pasar.

Dos techos percutidos.

Dos cisternas rotas.

Un domingo buscando la lógica a un sistema fontaneril que no la tiene.

¿Y cómo acabó la historia? Con una llamada y 100 euros menos.

Todo esto me lleva a las manos.

Hemos pasado de hacer cosas a pulsar cosas.

¿Se rompe algo? Compramos uno nuevo.

¿Hay que hacer algo? Usamos máquinas o llamamos a Manolín, el manitas de turno, para que lo haga él.

No escribimos a mano. No amasamos a mano. No cosemos a mano.

Y esto no es romanticismo ni nostalgia. Es que lo que no usas, lo pierdes.

Tú lo sabes bien por los pies. Porque seguramente uses zapatillas minimalistas para despertarlos.

Las manos funcionan igual y la mejor prueba la tienes a un paso:

Repara. Pinta. Cose. Dibuja. Escribe.

Haz lo que sea con tus manos.

Sólo eso. Y pregúntate:

¿Cuánto tiempo ha pasado?

Mínimo una hora sin notificaciones ni preocupaciones.

Con hijos pequeños lo tienes aún más fácil. Porque no hay tiempo, pero sí lo hay. Pinta con ellos. Juega con ellos. Construye con ellos.

A lo mejor te parece una tremenda gilipollez, pero teniendo pies de mono y manos de informático te falta una pieza.

Y no hablo de apuntarte a manualidades los lunes y miércoles de 19:00 a 20:00. Ni de cambiar tu trabajo de oficina por el de alfarero. Ni de entrenar con mancuernas en el gimnasio.

Hablo de recuperar las manos para estar vivo y despierto.

Piénsalo:

¿Qué hacías con las manos que ya no haces?

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¿Tú cómo lo ves? Te leo en comentarios

  1. Buenas Álvaro, yo añadiría, si me permites, tocar un instrumento. Además del inmenso placer que da la música, la destreza que obtienes al ir avanzando de nivel no sólo repercute en las manos, sino en tu cerebro también.
    Un saludo y gracias por compartir.

  2. 🙂 Muy bueno y muy real y actual tu artículo de hoy.
    Me siento completamente identificado.
    Recordemos todos, hay que cortar el agua antes de meterse en fregaos.
    Gracias por todo y feliz viernes.