Un buen amigo, al que llamaré Antonio, tiene la creencia de que el mundo se va a la mierda.
Sus argumentos:
La Tercera Guerra Mundial llegará pronto y acabará con casi todos.
Si no llega la guerra, implosionará el planeta, porque consumimos muchas cosas y reciclamos pocas.
Y si no, será otra cosa, porque los humanos somos gilipollas.
En esto último tiene toda la razón. Y en lo otro igual también.
Pero mi amigo Antonio comete un error que le está destrozando la vida.
Fíjate.
Dice que los optimistas (él me considera optimista) vivimos en una realidad paralela. En los mundos de Yupi. Y que deberíamos poner los pies en el suelo antes de que todo colapse.
Me insiste mucho:
«Espabila, Álvaro».
Y yo me pregunto, ¿tendrá razón?
Para salir de dudas, observo. Me fijo en su rutina. Más o menos funciona así:
- Revisa las noticias en las redes sociales.
- Los algoritmos le sirven lo que desea.
- Confirma sus catastróficas sospechas.
Un bucle infinito. Como cuando hablas con la IA para escuchar lo que quieres oír. Lo mismo.
Entonces, mi amigo de un posible problema (guerra, consumo o gilipollez humana…) ha creado dos.
Y el segundo es mucho más gordo que el primero.
Antonio vive hasta las cejas de cortisol. Mentalmente al límite. Con unos hijos para los que nunca tiene tiempo. Con una relación de pareja deteriorándose sin que él se de cuenta. Con un entorno que le desborda.
La solución no es nueva.
Los antiguos pensadores la conocían. Ellos dirían:
La gente es terriblemente gilipollas, es lo que hay, sigue con tu vida de la forma más coherente posible.
Mientras que mi amigo Antonio se dice a sí mismo:
El planeta no aguanta más. Vendrá la guerra. La sociedad colapsará pronto.
Pero el colapso inminente no está fuera, sino dentro.
En su cortisol. En su mente. En su entorno.
Nadie sabe cuánto aguantará el planeta, aunque probablemente seguirá girando como siempre ha hecho.
¿Sabes lo que le digo a Antonio cuando entra en bucle?
Nada.
Porque todos, y me incluyo, sólo escuchamos lo que queremos oír.
Dile:
«Hoy es el mañana por el que te preocupabas ayer»
Un abrazo
Tal cual, Kiko.
Abrazo