Seguramente ya sepas lo que es una batalla de aura. Por si acaso, te lo explico:
Dos personas, casi siempre menores, hacen el mono. Una delante de la otra.
Gestos. Muecas. Bailecitos.
Para deleite de cientos de personas que las rodean.
Pensarás que es una auténtica gilipollez. Y lo es. Pero me parece bien.
Hacer el mono de diversas formas es parecido a lo que tú y yo hacíamos cuando teníamos su edad.
Piensa en el Tamagotchi. Tenías compañeros de clase que no dormían para dar de comer a una pantalla. Sufrían, y mucho, cuando el bicho que no era bicho se moría.
Manda huevos.
¿Ahora te parece mejor o peor la batalla de aura?
Pero espera, que hay más.
Cuando tú eras niño, los mayores tampoco pensaban demasiado. Si pesabas menos que un cordero lechal probablemente viajarías alguna vez en la bandeja de atrás del coche, en el suelo o donde hiciera falta.
Y se fumaba de muchas formas. Por estatus y hasta por salud. Un médico podía recomendarte Lucky Strike si tenías la garganta irritada.
Lo fácil es juzgar la gilipollez de los jóvenes de hoy. Antes de hacerlo, conviene mirar por el retrovisor para ver que la tontería no es nueva.
Hay algo que sí es nuevo y que me preocupa bastante más.
Afecta a niños y adultos. Pocos lo ven. Nadie lo critica.
Tiene que ver con lo que lees, ves o escuchas.
Todo pasa por un filtro que decide lo que debes consumir. El filtro, conocido como algorrino, te pone en bandeja series, noticias, vídeos, libros e incluso estos emails.
Para hacerte la vida más fácil.
O no.
El algorrino no te va a recomendar un libro escrito hace 70 años que puedes leer gratis. Te tentará con el vídeo de un mono abriendo una lata de sardinas con los dientes. Y morderás el anzuelo porque eres humano. Y si tienes un momento de bajón te atrapará.
¿Dónde está el peligro?
No parar. No pensar. No cuestionar.
Algorrinos decidiendo por ti.
En bucle.
Para ti puede ser un problema. Para un niño es un peligro que no ve.
Y lo peor no es eso.
Lo peor es que una persona nublada por los algorrinos lo agradece. Cree tener satisfacción. Porque lo que consume, aunque vacío, le llena.
Es como comer en el Mc Donalds, sabes que no te nutre, pero a tu paladar le encanta y sales con la barriga inflada como un barril.
El algorrino está programado para atraparte. Sólo necesita que pruebes su medicina una vez, como el camello que regala la primera dosis de cocaína para pillarte por las pelotas.
- Placer infinito.
- Consumo sin pausa.
- Negación del dolor.
El tridente algorrínico.
Defiendo las batallas de auras. Porque la gilipollez siempre existirá. Y está bien.
Mirar ahí, y no a la jaula, es el riesgo.
Sabias palabras Álvaro…
No lo había visto desde tu punto de vista pero tienes razón.
Gracias, Rosa. Un saludo
¡Totalmente! A esas edades se hacen muchas tonterías, y depende de lo que esté de moda en ese momento. Pero como tu dices, hay que mirar la jaula.
Todos fuimos jóvenes, unos más que otros jeje.
¡Gran reflexión!
Gracias
Gracias, Rafa.