Añadir o quitar

Múltiples piezas de LEGO

Una torre de LEGO se tambalea.

¿Cómo la estabilizarías?

Puedes añadir piezas o quitar piezas. Tienes libertad.

Si eres como la mayoría, añadirás piezas a cascoporro. Apuntalarás la estructura. Aunque lo más simple y rápido no es eso, sino quitar la única pieza que desequilibra la torre.

Parece trampa, pero no lo es.

Este experimento se ha hecho muchas veces. Y siempre pasa lo mismo.

Cuando al participante se le dice: “Puedes añadir o quitar piezas”. Casi siempre elige añadir.

Apuntalar sobre lo apuntalado.

Y lo mismo pasa en la vida real.

El médico prescribe un medicamento. Y luego otro. Hasta que el paciente acaba tomando 17 pastillas para 17 problemas. Pero muchos de esos problemas han sido provocados por las propias pastillas.

El programador añade código encima de más código. Todo funciona. Hasta que deja de funcionar. Entonces, añade más código. Así, hasta el infinito y más allá.

El maestro debe enseñar cada año nuevos conceptos. Que se añaden encima de más conceptos. Y que colapsan al pobre alumno que lo único que piensa es cuánto queda para el recreo.

Hay algo primitivo en añadir. Es la opción por defecto.

Y no es que nos neguemos a quitar.

Es que no lo pensamos.

Como si quitar no existiera entre las opciones.

Tiene explicación.

El cerebro te empuja a elegir entre opciones suficientemente buenas. No entre todas ni entre las mejores. Sirve con que parezcan buenas.

Lo hace por ahorrar energía.

Porque imagina que tienes hambre. Te apetece una manzana. Pero no tienes manzana.

¿Qué haces?

Opción 1: ir a la tienda y comprar la puñetera manzana.

Opción 2: hacer un Excel con 157 tipos de manzanas ordenadas por acidez, dureza y precio. Valorar. Pensar.

Si tiras del Excel para comprar manzanas, entonces tenemos que hablar.

Pero lo más probable es que hagas lo primero.

Ir. Comprar. Comer.

Ese mecanismo nos ayuda a avanzar en cosas simples. Es bueno para comprar manzanas, peras o cacahuetes.

El problema surge cuando tienes un problema y te olvidas de la opción “quitar”.

Y casi siempre te olvidas.

Y suele ser un gran solucionador de problemas.

Ejemplo:

Tienes 15 pares de zapatillas minimalistas en el armario. Cada cierto tiempo, la suela de una de ellas cristaliza. Se pone dura como una piedra.

Cuando eso pasa, es como caminar sobre el hielo. Puedes usarlas, pero no vas a estar cómodo ni seguro.

¿Solución?

  1. Llevarlas al zapatero.
  2. Tirarlas y comprar otro par.

Ambas son añadir.

Quitar sería tener pocos pares de zapatillas. Ni 15 ni 10. Igual 5 pares. Y usarlos todos. Así no cristalizaría ninguno.

Quitar no siempre es la mejor opción.

Pero conviene pensar en ella.

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¿Tú cómo lo ves? Te leo en comentarios

  1. Alvaro, compré las merrel glove 4 hace 3 años en negro… son definitivamente las que guardaba siempre para usar con ropa «mas elegante» porque eran «discretas»… y se cristalizó la suela… no sé si por los 3 años, o por tenerlas guardadas… Así que luego de esto tengo 2 notas mentales para mí misma:
    1) A veces menos es mas… no hacen falta 10 pares, con 5 estoy bien.
    2) Todos los días son días especiales, basta de guardar prendas y zapas para ocasiones especiales… ¬¬

  2. En el año 2018 decidí aprender a correr. Entender en qué consiste y conseguir ser un buen corredor era mi objetivo.
    Estuve informándome con revistas, libros y artículos en la web para aprender técnicas de carrera, de entrenamiento, nutrición y equipamiento.
    Me subscribí a Strava para ver que podía aprender de los corredores más destacados y ver mis estadísticas y progresos.
    Miraba con detenimiento fichas técnicas y review de todo tipo de zapatillas, prendas de vestir, mochilas, hidratación, etc.
    Empecé con unas Ultraraptor de La Sportiva.
    Compré ropa de runner en X bionic que me costó una pasta.
    También un Garmin y después un Suunto, ambos de alta gama.
    Llevaba chalecos o riñoneras de los más valorados y caros para transportar barritas, bebidas isotónicas, para vientos, gorro, guantes, etc, etc.
    El precio de un artículo nunca fue un impedimento para mi.
    Después de las tanquetas pasé por todo tipo de marcas hasta que llegué a Altra.
    De ahí pasé a Merrell y Vivobarefoot. Siguiente estación: sandalias de Tribu, Xero, Luna y finalmente Earth runners, actualmente las únicas que uso para descansar.
    Ahora voy cada día a la montaña, la tengo en la puerta de mi casa y se llama Verdera.
    No llevo relojes, ni otros dispositivos, no llevo ropa (solo un short por decoro), no llevo agua ni comida, no llevo calzado.
    No importa la hora, la estación, si hace frío o calor, si llueve o hace viento.
    Ya no registro ni mido nada, ya no uso Strava.
    En el año 2023 esta aplicación registró mis actividades prácticamente por última vez.
    Estuve los 365 días seguidos corriendo, un total de 522 horas, hice más de 3000 kms con un desnivel positivo acumulado de más de 221.000 metros, y todo ello con chanclas y descalzo.
    En octubre cumpliré 59 años.
    Han pasado ocho años y casi sin darme cuenta ahora puedo correr por donde quiera y cuando quiera, sin nada. Después de tantas vueltas y vueltas en el camino que emprendí, con tanta parafernalia inútil, buscando una meta inexistente, simplemente he vuelto al origen, donde no hay nada que añadir ni quitar.

      1. Me alegro de que así sea Álvaro.
        Solo he oido hablar de ellos a Carlos y Ricardo Stro y a Wim Hof.
        Espero ver algún día, alguno por aquí.
        Un abrazo