Llegar a 10.000 pasos diarios

Reloj digital sobre asfalto

Cuando me brotó el primer bigote me puse necio. 

Todo empezó con una sutil sombra sobre el labio superior y terminó con una densa mata de pelo negro.

Once años, bigote poderoso y chándal vaporoso de colores aleatorios.

Ese era el pack.

Que iba acompañado de lo más importante: la negativa absoluta a que la Gillette de la época arrasara mi hombría.

Fue la primera gran decisión que defendí hasta el final. Y no fui el único. Otros compañeros de clase demostraron una ejemplar resistencia a la cuchilla.

No nos juzgues, eran otros tiempos. Años 90. 

En esa época el primer bigote era un trofeo que debía lucirse con orgullo y conservarse hasta las últimas consecuencias.

El tema del movimiento también tenía miga. Los niños jugábamos hasta que el cuerpo decía basta. En la calle o en los parques. Mascando arena si era necesario. Y solía serlo.

Los mayores paseaban, sobre todo al aterdecer. Tenían la costumbre de salir justo después de cenar y caminar sin rumbo ni objetivo. Hasta que un conocido detenía sus pasos o hasta que la conversación se agotaba.

Nunca escuché esto:

“Ey, bro, tenemos que salir a caminar que hoy sólo llevamos 3.000 pasos”.

Ni madres ni padres ni bros.

Nadie decía eso.

Pero la historia de los 10.000 pasos no es nueva. Surgió lejos y mucho antes que nuestros bigotes. En Japón, sobre 1965.

La gente cambió las azadas por oficinas y los paseos por televisores. Se quedaban atontados delante de las primeras pantallas. Las autoridades se preocuparon.

Por eso inventaron un cacharro que medía los pasos y que al llegar al objetivo les decía “bien hecho”.

¿Cuál era el objetivo? 10.000 pasos.

¿Por qué esa cifra? Nadie lo sabe.

Dicen que 10.000 les pareció una buena cifra. No parece aleatoria. Pero fue bastante aleatoria.

Tampoco se sabe si funcionó. Aunque pronto se dejó de hablar del invento. A la mayoría de japoneses les debió parecer una tremenda gilipollez lo de caminar hasta que una pantalla les felicitaba. 

Pero ya sabes cómo funciona esto.

Todo vuelve.

Desde 1970 hasta 2018: silencio.

A partir de 2019, docenas de estudios investigaron si los 10.000 pasos de los japoneses tenían sentido. Si eran buenos o malos. Si alargaban la vida.

Concluyeron que nada era concluyente.

Y que caminar era mejor que no caminar.

Ningún estudio puso el foco en la herramienta, en el medidor de los 10.000 pasos. Que lo puedes llamar teléfono, app, reloj, pulsera o podómetro.

Las herramientas son importantes. Porque nadie critica a los cuchillos cebolleros. Y han matado a millones de personas.

Lo que me pregunto es si necesitamos una cifra aleatoria para caminar y una herramienta que nos diga:

“Levántate y muévete, llevas mucho tiempo sentado”.

“Te faltan 4.000 pasos para el objetivo de los 10.000”.

“Buen trabajo, si das 1.000 pasos más te regalo esta estrellita”.

No sé.

¿Tú cómo lo ves?

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¿Qué opinas? Te leo en comentarios

  1. Dos vacas están pastando cuando una se vuelve y le dice a la otra:

    —Aunque pi se suele abreviar con cinco números, en realidad progresa hasta el infinito.

    La segunda vaca se da la vuelta y le responde:

    —Muuuu.

  2. Jajaja Alvaro con lo del cuchillo cebollero matando a millones de personas se te ha ido la mano, jajaja. Pero la idea se entiende.
    Yo tengo mi propia «app» para medir mi necesidad de ejercicio y se llama «barriga». La cabrona crece como loca en cuanto me relajo con el ejercicio y a mis 63 años eso es muy pero que muy peligroso. Cada vez cuesta mas volver a pegarla al espinazo.
    Disfruto mucho tus posts, gracias.
    Un saludo

  3. Yo pienso que lo realmente importante en todo esto es moverse y ya esta. El cuerpo ha sido diseñado para moverse y realizar ejercicios acorde a tu edad y tu capacidad por tanto opino que da igual hacer 1000 que 10.000, lo interesante en esto imponerse al sedentarismo.

  4. Todo es más simple de lo que parece. Dejando de lado que caminar es saludable, no existe evidencia científica de que 10.000 pasos sea un umbral biológico especial. El origen de esa cifra fue, en realidad, una campaña de marketing.

    En 1965, la empresa japonesa Yamasa lanzó uno de los primeros podómetros, al que llamó Manpo-kei (万歩計), que puede traducirse como «medidor de 10.000 pasos».

    Curiosamente, el carácter japonés 万 (10.000) recuerda visualmente a una persona caminando, lo que también influyó en la elección del nombre.

    Si nos vamos a la evidencia científica, lo que muestran los estudios es algo diferente:

    Menos de 2.000 pasos/día: nivel muy sedentario y mayor riesgo de mortalidad.
    3.000 pasos/día: empiezan a observarse beneficios claros respecto al sedentarismo.
    4.000-5.000 pasos/día: la reducción del riesgo aumenta de forma importante, especialmente en personas mayores.
    6.000-8.000 pasos/día: es el intervalo donde se concentra la mayor parte de la reducción del riesgo de mortalidad. A partir de ahí los beneficios continúan, pero con rendimientos decrecientes.
    10.000 pasos/día: siguen siendo un objetivo saludable, aunque los beneficios adicionales son menores que los obtenidos al pasar de unos 3.000 a unos 7.000 pasos.

    El análisis científico más completo publicado hasta la fecha (2025) concluyó que, comparado con realizar 2.000 pasos diarios, alcanzar aproximadamente 7.000 pasos se asocia con:

    47 % menos mortalidad por cualquier causa.
    25 % menos enfermedad cardiovascular.
    47 % menos mortalidad cardiovascular.
    37 % menos mortalidad por cáncer.
    38 % menos riesgo de demencia.
    22 % menos síntomas depresivos.
    Menor riesgo de caídas.
    Menor riesgo de diabetes tipo 2.

    Los propios autores concluyen:

    «Aunque 10.000 pasos sigue siendo un buen objetivo para personas activas, 7.000 pasos pueden ser un objetivo más realista y con beneficios clínicamente importantes.»

    Estudio: Daily steps and health outcomes in adults: a systematic review and dose-response meta-analysis
    https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2468266725001641