Tarahumaras: su vida ancestral y juegos tradicionales

Juegos de los Tarahumaras

La tribu de los Tarahumaras, conocidos por ellos mismos como rarámuris, se hizo popular en Occidente gracias al libro Nacidos para correr.

A mí ese libro, y la forma de vida Tarahumara, me cambiaron la vida.

Profundizaré en cómo viven, en las claves de su bienestar y en por qué siguen practicando los juegos de sus ancestros.

¿Cómo viven los Tarahumaras?

Se estima que existen unos 100.000 rarámuris, distribuidos por una de las regiones más inhóspitas y hermosas de México, la conocida como Sierra Taraumara, al suroeste de Chihuahua.

En Occidente son conocidos por su potencial físico. Corren largas distancias con unas tiras de neumático (huaraches) bajo los pies. Pero quien crea que su fama se limita a correr se equivoca.

Lo apasionante es su forma de vivir, entrenar, jugar y entender el tiempo libre.

El 90% de los rarámuris no cuenta con servicios de salud ni tiene electricidad.

Desde muy pequeños reciben una educación radicalmente distinta a la occidental. Los padres les regañan en contadas ocasiones y les dejan la responsabilidad de decidir por sí mismos. A partir de los cinco años ya reconocen árboles y plantas, llevan a pastar a las cabras o cuidan de sus hermanos pequeños.

Entienden la comunidad desde un principio llamado kórima: un compromiso social basado en la ayuda y el apoyo mutuo.

Pero lo más importante para ser reconocido como un verdadero rarámuri es «hacer la fiesta». Esto consiste en beber abundante tesgüino (cerveza casera a base de maíz fermentado) y bailar hasta que el cuerpo aguanta.

Para ellos es fundamental cuidar sus arewá, el alma o fuerza que da la vida. El hombre posee tres arewá; la mujer, cuatro. Por eso, en la cosmovisión rarámuri, la mujer es más fuerte que el hombre.

La capacidad física de los Tarahumaras

Los rarámuris son reconocidos mundialmente por su resistencia. Soportan con poco abrigo las bajas temperaturas nocturnas y son capaces de sobrellevar, sin queja, el dolor físico provocado por enfermedades, traumatismos o el parto.

El etnógrafo noruego Karl Lumholtz describió a los rarámuris de finales del siglo XIX como los corredores más resistentes del mundo, capaces de recorrer 260 km sin descanso a ritmo lento pero sin interrupción para llevar mensajes de un sitio a otro.

En contadas ocasiones han salido de su territorio para competir en ultramaratones oficiales, con resultados que pusieron en evidencia al mundo atlético moderno.

Leadville Trail 100 (1993 y 1994)

Los rarámuris se presentaron con su calzado habitual: unas sandalias huaraches hechas a mano.

  • 1993: Victoriano Churro, de 55 años, ganó la prueba con un tiempo de 20 horas y 3 minutos.
  • 1994: un equipo rarámuri se impuso de nuevo, esta vez en 17 horas y 30 minutos, batiendo el récord de la prueba en 25 minutos. Esa marca tardó 8 años en mejorarse. Cuatro rarámuris terminaron entre los cinco primeros; siete, entre los once primeros.

Lo que vino después resulta significativo: a pesar de que todos los campeones son invitados automáticamente a participar en ediciones siguientes, se vetó la participación de los rarámuris en Leadville.

Sus campeones nunca volvieron a correr allí.

Ultramaratón de Los Ángeles (1997)

Cirildo Chacarito, de 52 años, participó en este ultramaratón sin conocer el terreno ni el recorrido.

Lo único que sabía es que tenía que seguir a un corredor joven cubierto de tatuajes.

Empezó atrasado, fiel al estilo rarámuri, recuperando posiciones poco a poco. En un giro nocturno se perdió durante 20 minutos. La diferencia con el líder era de media hora. La recuperó. Cruzó la meta en primer lugar tras 161 km y 19 horas y 37 minutos.

Sus primeras palabras al llegar: «se me hizo algo corto».

Su compañero Victoriano Churro, ya con 59 años, terminó en tercer lugar esa misma carrera.

El episodio con Nike

La marca deportiva Nike desarrolló un modelo llamado TaraNike pensado para ellos. Se lo entregaron a un rarámuri para que lo usara durante una carrera. En el primer avituallamiento se los quitó junto con los calcetines y dijo: «Échenme mis huaraches, que no aguanto esta cosa».

Varias marcas han intentado convencerles de las bondades de la amortiguación moderna. Sin éxito.

¿Cómo entrenan, qué comen y por qué no se lesionan?

Su preparación no se basa en técnicas modernas de entrenamiento. La vida diaria es el entrenamiento. Caminan mucho desde pequeños (hasta cinco horas para llenar la despensa, pastorear o ir a la escuela). A menudo, con limitaciones de agua o alimentos y soportando temperaturas extremas.

La técnica de carrera responde al patrón natural. Cuerpo, piernas y mente relajados. Pasos cortos con cadencia alta. Apoyo frontal o medio según el terreno.

No hay misterio, sólo miles de kilómetros desde la infancia.

La clave táctica es el ritmo, siempre tranquilo y pausado, lo suficientemente lento como para llegar a la meta y fumarse un par de cigarrillos; lo suficientemente rápido como para liquidar a todos sus rivales.

La base de su alimentación es el maíz, los frijoles y la calabaza. También consumen fruta, carne de caza e infusiones.

No usan suplementos. Ni geles de glucosa. Ni estrategias nutricionales.

Tampoco conocen las lesiones modernas (periostitis, fascitis plantar, tendinopatías crónicas) ni sufren los supuestos desgastes articulares que se asocian a la falta de amortiguación. La atención médica después de una ultramaratón se limita a masajes y friegas con hierbas medicinales en las piernas.

Los juegos de los Tarahumaras

Aquí está el núcleo de su cultura.

Para los rarámuris, los juegos no son un simple entretenimiento, sino la clave de su conexión social.

Conservan y practican con asiduidad tres juegos ancestrales.

El juego del palillo o Ra’chuela

El menos conocido de los tres en Occidente y, posiblemente, el que mejor ilustra la cultura tarahumara.

Se forman dos equipos de 5 hombres. Cada jugador porta un «palillo», similar a una cuchara de madera de un metro de largo.

El ritual previo es tan importante como el juego en sí.

Primero se hacen las apuestas, en efectivo o en prendas, entre los participantes y el resto de la comunidad. Después se entierra una pequeña bola de madera del tamaño de una pelota de golf. Con un grito de inicio, los 10 jugadores buscan con sus palillos la pelota enterrada y tratan de llevarla al campo contrario, situado a uno o dos kilómetros.

Suelen jugar en torno a arroyos, en terreno variado y complicado. No hay reglas para quitarse la pelota. Vale todo. Gana el equipo que lleve la bola a la meta rival.

La carrera de la bola o Rarajípari

El juego por excelencia de los hombres rarámuris y el más conocido en Occidente. Es también, según múltiples registros etnográficos, el acto colectivo más importante que llevan a cabo.

La mecánica es simple en concepto.

Primero, apuestan, igual que en el juego anterior. Luego, dos equipos corren pateando una pelota hecha de raíz de madera de encina (similar una pelota de tenis), ayudándose de un palo para colocarla en los dedos e impulsarla lo más lejos posible.

El circuito oscila entre 10 y 40 kilómetros que recorren varias veces hasta completar la distancia total acordada.

En este juego tarahumara suelen recorrer entre 100 y 200 kilómetros. De día y de noche. Por terrenos escarpados.

Eso sí, cuentan con el apoyo de toda la comunidad a lo largo del trazado.

Corren con huaraches caseras o descalzos.

La Ariweta o Rowera

La Ariweta es el juego de las mujeres rarámuris. Su funcionamiento es similar al rarajípari, pero en lugar de una pelota se desplaza un aro con la ayuda de un palo. Los hombres no participan, sólo animan a lo largo del trazado.

Las ariwetas más largas se prolongan más allá de los 100 kilómetros.

En general, los taraumaras no son competitivos al modo occidental. Ellos entienden la carrera como una forma de unión, no de división.

Viven cerca del origen. Y en ese origen hay algo que el mundo moderno lleva décadas buscando en laboratorios, zapatillas de carbono y aplicaciones de entrenamiento.

¿Quieres apoyar a la comunidad tarahumara? Puedes colaborar a través de la Fundación Tarahumara.

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